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  • CLAUDIA MECCIA

El cuidado del suelo se transformó en el reto del siglo


La incorporación de tecnología y las prácticas de conservación permitieron cuadruplicar la cantidad de granos producidos. La sistematización de los lotes ayudaría a reducir la erosión sobre un recurso que no recibe los cuidados adecuados.

El extenso territorio argentino está formado por los 12 tipos de suelos conocidos, una característica que ubica al país dentro del 3 % de las tierras con mayor aptitud agrícola del planeta. El dato cobra mayor relevancia si analizamos que la Argentina produce alimentos para 400 millones de personas con costos relativamente bajos y con los estándares de calidad requeridos por los mercados más exigentes. En el Vol. 44 N.°1 de abril de la revista RIA, especialistas argentinos de instituciones vinculadas al estudio y conservación del suelo analizan los desafíos de cuidar un recurso natural fundamental para la producción de alimentos.

Sin embargo, los sistemas agropecuarios –basados en el uso del suelo– son la principal fuente de ingresos, motorizan la economía nacional y ejercen mayor presión sobre un recurso que no recibe los cuidados adecuados. De hecho, un estudio científico, realizado por especialistas del Instituto de Suelos del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, determinó que alrededor del 26 % del territorio argentino presenta niveles de erosión hídrica que superan las tasas tolerables. De allí se desprende que al año se pierden alrededor de 1.500 millones de metros cúbicos de suelo, dicho de otro modo, una capa de 0,5 milímetros de espesor.

“Estamos perdiendo no solo aquellos suelos que son la base de las producciones agropecuarias del país, sino que descuidamos los servicios ecosistémicos que nos prestan, como el almacenamiento de carbono”, señaló Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA, quien agregó: “Es el recurso que soporta la biodiversidad más rica que hay sobre la tierra y, además, funciona como un filtro y es un regulador de contaminantes inorgánicos y orgánicos, así como de microorganismos patógenos y virus”.

Para Taboada, la presión que se ejerce sobre el suelo está llegando a límites críticos. “Es importante entender que estamos hablando de un recurso que no se renueva en la escala de vida humana, debido a que recuperar un centímetro de suelo erosionado puede tardar hasta 1.000 años”, advirtió.

En la actualidad, solo un 11 % de la superficie del planeta corresponde a suelos con potencial agrícola. Estimaciones de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO, por sus siglas en inglés) plantean que, en los próximos 20 años, más del 80 % de la expansión de la superficie cultivada se producirá en América Latina y África subsahariana.

Formado –en promedio– por 45 % de arena, limo y arcilla, 5 % de material orgánico y 50 % de espacio poroso ocupado por aire, agua y microorganismos, el suelo es fundamental para la seguridad alimentaria del mundo. Según la FAO, de allí proviene el 95 % de los alimentos que se consumen. Sin embargo, alrededor de 2.000 millones de hectáreas están deterioradas en forma irreversible y, de las 1.500 millones que están en uso, una tercera parte posee procesos de degradación que varían de moderados a graves.

“Uno de los desafíos más significativos que afrontará la humanidad es el deterioro de los recursos naturales y, principalmente, el de los suelos cultivados”, vaticinó Roberto Casas, director del Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua de la Argentina (Prosa) de la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Fecic).

A medida que aumenta la demanda mundial de alimentos, la situación se vuelve más compleja. Pero este, no es un problema nuevo. En 1957, un grupo de productores del centro oeste de la provincia de Buenos Aires se reunió para resolver una problemática común: detener la erosión

de los suelos. Así nació CREA (Consorcio Regional de Experimentación Agrícola).

“En los últimos 50 años la producción agrícola del mundo aumentó un 30 % per cápita, es decir, que creció más rápido que la población del planeta”, expresó Gabriel Vázquez Amabile, líder del proyecto Ambiente de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), y aclaró: “Solo un 15 % de este incremento tuvo que ver con la incorporación de nuevas hectáreas, mientras que el 85 % restante se debió a la adopción de tecnología: genética de semillas, mayor conocimiento científico y conciencia por el cuidado del suelo”.

“Sobre los mismos suelos y con las mismas lluvias producimos muchos más granos por hectárea que hace 50 años atrás y esto es eficiencia de recursos”, resaltó Vázquez Amabile y a la vez agregó: “El riesgo de que un incremento de la agricultura genere mayor erosión o degradación de suelos es real, existe, pero lo que degrada el suelo es la forma en que se realiza la actividad”.

Para ver la nota completa

http://intainforma.inta.gov.ar/?p=42864

#suelo #INTA

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