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  • CLAUDIA MECCIA

COP 23: la cumbre del Clima de David contra Goliat


La ciudad alemana de Bonn cobijará del 6 al 17 de noviembre la cumbre del clima de Naciones Unidas (COP23), una reunión que los expertos definen como "David contra Goliat", por los dos países que previsiblemente centrarán el debate: el estado insular de Fiyi y Estados Unidos.

La segunda cumbre del clima celebrada tras el histórico Acuerdo de París, alcanzado en la capital francesa en 2015, estará presidida por uno de los países más vulnerables al calentamiento, Fiyi, que tras recibir el visto bueno de la ONU para albergar la COP23 vio que ninguna de sus islas disponía de capacidad para dar cabida a los más de 20.000 participantes que vienen acudiendo a estas reuniones.

La convención marco de cambio climático de Naciones Unidas les ofreció su sede de Bonn para ejercer su presidencia, que implica dirigir las negociaciones desde hoy hasta la próxima cumbre del clima, que tendrá lugar en un año un año en Polonia, así como marcar parte las prioridades de la agenda para los diplomáticos de cerca de 200 países que acudirán a la COP23 a hablar de la transición hacia un nuevo modelo de desarrollo bajo en carbono.

El tema que Fiyi ha puesto en el centro del debate “es el de la vulnerabilidad extrema de lugares, como las pequeñas islas estado del Pacífico que están siendo devoradas por la subida del nivel del mar, ante los efectos de un cambio climático fundamentalmente causado por otros”, explica Manuel Pulgar, portavoz de cambio climático de WWF y exministro de Perú.

La presidencia de la COP23 ejercerá presión para que se hable más de la afección del calentamiento en los océanos y las consecuencias para las personas que viven de y junto a ellos; de los más vulnerables (mujeres, niños, comunidades indígenas); y de cómo implementar el llamado “Mecanismo de Pérdidas y Daños” causados por el cambio climático.

Goliat

Y en esta cuestión, añade Pulgar, “David se encontrará de frente con el gigante Goliat”: Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump ha decidido cancelar de un plumazo la financiación climática ya comprometida por su antecesor Obama, y que solo en el Fondo Verde ascendía a 2.000 de dólares hasta 2020.

Con la salida del Acuerdo de París, Estados Unidos entra a formar parte del “club” de países que han quedado fuera en el que sólo están otros dos miembros que no son precisamente sus aliados: Corea del Norte y Siria.

No obstante, la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París no se materializará hasta 2020 por lo que sus delegados seguirán formando parte de las negociaciones.

Aunque un buen número de miembros del equipo negociador estadounidense, incluido el ahora ex jefe Jonathan Persing, renunciaron a su cargo tras la llegada de Trump, gran parte de los funcionarios que integran el mismo se mantienen y acudirán a Bonn comandados por Thomas Shannon, un diplomático de carrera, a quien no se le conoce especial cercanía con Trump.

Estados Unidos no tendrá un pabellón oficial, por primera vez, en una cumbre del clima, pero sí su sociedad (organizaciones, estados, empresas y ciudades) que, bajo movimientos como “We are still in” (Nosotros Seguimos) o “Under 2 Coalición” (Por debajo de los 2 Grados), quiere demostrar que la mayor parte de los americanos siguen comprometidos con el cambio climático.

En el aspecto puramente negociador, la COP23 es una cumbre del clima “técnica” que está llamada a desarrollar la letra pequeña del pacto de París, concretando algunas reglas por las que se regirá, como, por ejemplo, los términos en los que cada año se revisarán los compromisos de reducción de emisiones de los países.

En el resto de los temas, algunos expertos consideran que al igual que en la leyenda bíblica, en la unidad internacional para combatir el cambio climático vencerá David a Goliat.

Fuente: Caty Arevalo/EFEverde


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