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  • CLAUDIA MECCIA

Cambio climático: satisfacción y prudencia ante el acuerdo


Despues de la firma del primer acuerdo global contra el cambio climático, políticos, científicos, ONG y asociaciones de todo el mundo analizan, entre la satisfacción y la prudencia, las consecuencias de un consenso que abre un camino hacia economías libres de emisiones aún por recorrer.

“El acuerdo de París es un hito. Ahora el destino de la Tierra depende de cuan rápido y con qué solidez lo apliquemos”, afirma el profesor Ottmar Edenhofer, del Instituto Potsdam de Investigación sobre el Cambio Climático.

Más cauto se muestra el portavoz de Equo en el Parlamento Europeo, Florent Marcellesi, quien asegura a Efe que el éxito de un pacto que considera “insuficiente” dependerá ahora de “cómo se interprete y se ponga en práctica en cada país y de la movilización social y política para exigir que se cumpla en el sentido correcto”.

El acuerdo está revestido de un complejo envoltorio legal que hace que sea legalmente vinculante en su conjunto, pero no en buena parte de su desarrollo (las llamadas decisiones), ni en los objetivos nacionales de reducción de emisiones.

Su fuerza reside en el mecanismo con el que periódicamente se revisarán los compromisos de cada país, que sí es jurídicamente vinculante, y coloca una alta presión internacional sobre los países para que hagan los esfuerzos necesarios. Aunque su efectividad está aún por ser demostrada.

Las revisiones serán claves porque los objetivos puestos hasta ahora sobre la mesa no garantizan que el calentamiento global se quede “muy por debajo” del objetivo de los 2 grados Celsius ni del deseable de 1,5 grados, sino que llevarán a que a finales de siglo la temperatura se haya elevado en 2,7 o incluso 3 grados.

El acuerdo de París es un “punto de inflexión histórico” que por primera vez ha puesto de acuerdo tanto a los mayores países emisores como a los más vulnerables, a los más ambiciosos y los más escépticos, a los ricos y los pobres, contra el cambio climático.

Las 6 claves del histórico acuerdo climático

El acuerdo es jurídicamente vinculante pero no completamente. Los objetivos nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que presentaron los países (INDC, por Intended Nationally Determined Contributions) no serán vinculantes.

Se propone limitar el aumento de la temperatura del planeta “bien por debajo” de los 2 grados centígrados y realizar “esfuerzos para limitar ese aumento a 1,5 grados centígrados”. El objetivo choca con las contribuciones nacionales, que llevarían la temperatura a por lo menos 2.7 grados por arriba de los valores preindustriales.

El acuerdo prevé un mínimo de 100 mil millones de dólares anuales para los países en desarrollo a partir de 2020 para enfrentar el calentamiento global. Ese monto deberá ser revisado a más tardar a partir de 2025. Al mismo tiempo, se invita a países que sin obligaciones a dar apoyo de manera voluntaria. Cada cinco años los países deberán revisar sus contribuciones mediante un mecanismo de “reporte y rendición de cuentas transparente”, con la idea de ir renovando sus compromisos nacionales y mejorarlos. Los nuevos compromisos siempre tendrán que ser más ambiciosos que los anteriores.

Los derechos humanos son sólo mencionados en el preámbulo del acuerdo, a pesar de que varios países presionaron para un rol más claro. Pero sí hay una referencia a la equidad de género, sosteniendo que la adaptación y la construcción de capacidades deberán tener en cuenta ese enfoque.

Las emisiones deberán tocar un techo “tan pronto como sea posible”, según el acuerdo, reconociendo que lograr ese objetivo llevará más tiempo para los países en desarrollo. Una vez logrado, se deberán reducir de manera rápida las emisiones para encontrar “un equilibrio entre las emisiones provocadas por la acción del hombre y lo que puede absorber la atmósfera” en la segunda mitad de siglo.

#cambioclimatico #InstitutoPotsdam

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